El “Constante Devenir” según Heráclito y la Planificación Estratégica
Heráclito, filósofo griego del siglo VI AC, hizo un planteamiento que se adelantó a los sabios de la antigüedad, así como a los gurús de la actualidad.
“No existe en la realidad nada que sea siempre igual, porque lo único real es el cambio.”
Si bien, algunos podrán concordar y otros discordar con su concepción respecto a la creación y la vida en general, no podemos ignorar la aplastante verdad de la existencia del cambio, como una realidad ineludible.
Hagamos, empero, una retrospección a lo aprendido en las aulas con respecto a las funciones del administrador. Una de principales funciones, de acuerdo a nuestros maestros es: Planificación.
Más recientemente, se nos planteó la necesidad de establecer una Misión para nuestra empresa o actividad. Unos cuantos años más tarde, se colocó sobre la mesa el concepto de la Visión, y posteriormente, se incorporaron los Valores al pensamiento estratégico. Hace unos cuantos años se ha venido barajando la técnica de la Visualización, como herramienta para establecer esa visión a largo plazo: dígase una década, un lustro, o cualquier plazo que luzca tan largo que parece difícil imaginarlo.
Ahora, todos los que hemos practicado estos ejercicios ¿estamos conscientes del doble filo de esta arma? Los hemos escrito en papel, los hemos publicado en emails internos, los hemos colocado en murales y en cuadros sobre nuestras paredes, y pretendemos usarlos como el mapa que nos guía en la difícil tarea de dirigir nuestras empresas.
Algunos hemos cometido el error de convertir dichos enunciados en camisas de fuerza. Cuando esa condición garantizada, el cambio, se nos presenta, ¡Oh sorpresa! Descubrimos la falta de vigencia de aquellos documentos elaborados con mucho cariño y dedicación. Nos enteramos que nuestros competidores han minado las bases de nuestro mercado. Nos llega una triste noticia sobre nuestro nicho de mercado más productivo: ¡el mismo ha dejado de existir! O nos vemos invadidos por adelantos tecnológicos, los cuales amenazan con desplazar nuestro servicio o producto. La velocidad de las comunicaciones nos gana la carrera, y nuestros clientes consiguen información más rápido de lo que podemos imaginar.
¿Qué hacemos entonces? ¿Improvisar? Como decía un maestro de inicios de la era cristiana “…en ninguna manera…” Es el momento de establecer la política, o más bien la cultura, dentro de nuestra empresa de vigilar los indicios de innovación que el entorno presenta.
Necesitamos mayor agilidad, y si el cambio exógeno precisa de un ajuste radical a lo interno, ¡bienvenido sea! La empresa, el ejecutivo, el emprendedor y en general la persona que se aferre al status quo, está condenada a la obsolescencia dentro de unos pocos meses… o semanas!
No está mal planificar, más debemos incorporar la vigilancia constante al entorno, como una de las principales actividades cotidianas.
¿Qué opina usted, amigo lector?
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